(Voy a guardar aquí este recuerdo, por si otro día vengo con ganas de borrarme, lo veo y se me quitan.)
Hoy en una de las clases, la assistant americana estaba poniendo canciones de karaoke y baile en línea porque hemos terminado los exámenes de este trimestre y les he dejado relajarse. Entonces, una de mis alumnas se ha acercado y me ha dicho que tenía que decirme algo.
En cuanto le he preguntado qué era, ella ha tardado un segundo en contestar que se le había olvidado, así que le he dicho que se sentase a mi lado y me lo dijese cuando se acordase y que mientras tanto hablaríamos de otras cosas.
Es una niña de trece años a la que adoro. Algunos compañeros la ven "oscura y contradictoria"... y, bueno, quizá por eso la adoro más todavía, porque la entiendo con esa parte mía.
Estábamos hablando de ropa y pelos de colores cuando me ha dicho de repente y sin venir a cuento: "profe, te quiero mucho".
Y yo no he tardado ni un segundo en contestarle: "y yo a ti, muchísimo".
Ella no se lo esperaba y ha insistido: "¿de verdad?"
Y yo he bromeado, muy seria: "Pues claro, always".
Le ha dado la risa tonta, pero se le han saltado las lágrimas. No sé si sería eso lo que quería decirme, pero de seguro era lo que yo le tenía que decir.
Y es la verdad.
Los chavales son lo mejor de mi trabajo. Cuando estoy con ellos el resto del mundo desaparece y mis problemas también porque lo único que importa son los suyos y lo único que necesito es ayudarles, aunque solo sea escuchando.
Y eso ha sido lo mejor de mi día.
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